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(SILVESTRE REVUELTAS, Julio de 1937)

jueves, 9 de abril de 2009

EL PIANO Y LOS PIANISTAS


     Durante el siglo XIX la proliferación de la  enseñanza y aprendizaje del piano fue muy común, al grado de que muchos consideraron a este fenómeno  como una "Peste"; "Ese vulgar darle al piano" - en palabras de Eduard Hanslick - era considerado daniño y nocivo para todo el mundo. Los conservatorios y escuelas de música sólo alentaban con frivolidad una "superproducción" de pianistas como si se tratara de un fabricar un objeto. Si desde entonces se llego a pensar que de seguir así las cosas en el futuro se cobrarían más victimas  tanto de parte de los ejecutantes como en los oyentes, prácticamente la música es quien lo ha pagado muy caro. 
     Las palabras de Grete Wehmeyer obligan a la reflexión, pues señaló que  el estudio de la música al estar centrado en los tecnicismos, a la competencia, "a la juventud la condena a una prisión incomunicada...la frustra en el sentido maligno de la palabra, pues él mismo  - el piano o cualquier otro instrumento - se presenta como seductor, como embaucador al logro de fama mundial, de una carrera artística, como seductor a la senda de la falsa inmortalidad."
 
Pese a las advertencias dichas en una época en que se clasificaban nuestras histerias, señoritas, doncellas, jóvenes y mancebos no dejaron por ello de dedicar  parte de su tiempo para tocarlo, y es sabido que muchos de los compositores que conocemos los tuvieron como pupilos  para así sostenerse económicamente, aunque prácticamente odiaban enseñarles por considerarlos sólo aficionados.

Desde muy temprano, un tecladista no sólo debía tocar música ya escrita de un famoso compositor, esto era sustancialmente parte de su formación; lo que era muy valorado era mostrar las habilidades que se poseía ante el instrumento, lo hábil que se era para improvisar; esto brindaba fama y fortuna, era en cierta forma la manera de comercializar una carrera y reputación. Sin embargo, es por ello que  por generalizar esta costumbre y basarse únicamente en ella, fueron señalados y criticados por quienes por otra parte buscaban independizar a la música de únicamente esas expresiones.

Si observamos el desarrollo de la literatura pianistica comprenderemos que este se desenvuelve y caracteriza por este último motivo. El piano no era por muchos considerado sólo para lograr efectos  con él o vulgarmente para deleitar a los oídos; visto más allá de un simple seductor, un instrumento tiránico o un "héroe severo que hace a muchos prisioneros", los músicos no cesaron de hallar en él  las más completas posibilidades musicales.

Generando escuelas y estilos dependiendo del clima y el lugar donde se posaba, era en cierta forma "un nuevo conquistador" pero pacífico que al mismo tiempo que evoluciona su estructura, su ser, fortalece también su conciencia y engrandece su repertorio que no cesa de crecer. Dieter Hildebrandt lo definirá en su libro,  La novela del Piano como "un seductor que se ofrece sin reservas ni recato. el que le toca una tecla oye un sonido; quien lo aporrea obtiene como respuesta una suerte de acordes; quién pasa sobre él el antebrazo entero engendra un cluster; quien le pasa un trapo para quitarle el polvo produce un glissando". 

En fin, serios o no, artistas o aficionados, muchos han tratado con él desde que Bartolomeo Crsitofori en Florencia lo desarrolló allá por comienzos del siglo XVIII, pero esa actitud virtuosística y arrogante del pianista que hace alarde de sus facultades y habilidades llegó a inspirar al dibujante alemán Wilhem Busch (1832-1908) - a quien algunos consideran como el padre del cómic - para una de sus más celebres caricaturas que titulo como "El Virtuoso" para su serie "Ein Neujahrskonzert"

Sea convertido en un clásico que los quinces dibujos de los que esta conformada, a parte de hallarse en la novela de Hildebrandt que ya les referí, un actor y un pianista decidieron darles vida. Para que ustedes los gocen, les adjunto el link que en Youtube pueden ustedes disfrutar:



1 comentario:

ricardo dijo...

La "frivolidad del piano" o del "arte de tocar el piano" se deduce del talento que se tiene... Europa ha tenido grandes virtuosos del piano... mosntruos con habilidades para crear artificios y juegos pirotécnicos... ¿Cuántos de ellos fueron verdaderos músicos?... La verdad a esto es de que la música no se puede medir, al igual que el talento... Es verdad que en europa el deseo de ganar fama y fortuna mediante la música era un sintoma que obliga a padres a someter a sus hijos a un regimén de "entrenamiento"... pero tambien es verdad que tal ambición nunca surtía efecto si desde un principio no se tiene la disposición y el talento... Creo que nuestro amigo debe distinguir entre la música pública de la música académica... Europa se distingue por sus programas educativos en donde la música y en general las artes son materias obligatorias, el hecho de saber "algo" de música no implica un sometimiento esclavo; en cierto sentido la música en europa es más liberal... Pero cuando alguien elige a la música como profesión es evidente un sometimento calvárico... De ahí el talento que suaviza las contrariedades y el mal sueño en el proceso de preparación...
El piano es un instrumento "burgues", una mercancia de lujo... Pero es sobre este instrumento que a lo largo del siglo XIX y XX se han hecho avances sonoros "revolucionarios" y de ello depende el poder creativo o recreativo del músico... Saber tocar el piano no significa ser chango de exhibición ni mucho menos tocar alguna melodia simplona y melosa... El arte del piano es sacar sonidos que trasmitan los sentimientos del hombre para el hombre... es el reflejo de una misma esencia... Los grandes virtusos del piano se justifican así mismos por sus obras y su talento... pero ¿qué es talento? Trabajo, trabajo y más trabajo... Por eso es un absurdo pretender estudiar piano u otro instrumento en una edad avanzada, y no porque no pueda, sino que ello depende del condicionamiento físico y la sensibilidad motriz... Lo cual frustra las convicciones y tira aquel que se enseñorea en su sueños... el arte es tan comprometido, pero al mismo tiempo "liberador" que no se permite ninguna "vacilación"...
En esta perspectiva es verdad que el arte del piano "académico" daña considerablemente el talento de los que quieren ser músicos...
Los pianistas de nuestro tiempo son objetos de uso público, algunos muy buenos, otros muy malos, pero al fin y al cabo mercancias sin alma... Pianistas puede haber miles, pero creadores muy pocos...